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Jueves, 16 de agosto de 2007
Es difícil mantener dos casas, así que me he pasado a la más amplia.
Y es que creía que sólo había que poner palabras trascendentales... pfffrrr... ahora me localizas AQUÍ.
Luego me llevaré todo esto.
Por: Zuz Pop | Black Cofee in Bed | Comentarios (0) | Referencias (0)
Viernes, 04 de agosto de 2006
Durante 18 años, Daniela Romo ha escrito más de sesenta letras de canciones y en ellas la gente ha descubierto un espejo que no necesita de la radio ni de la presencia para mantener su aspecto bruñido. La intérprete de “Yo no te pido la luna” y “De mi enamórate” se valió de un enorme equipo de músicos y compositores para registrar en Italia un nuevo capítulo sonoro. Así como de plural es en el medio del espectáculo, la cantante y actriz también lo es fuera de él. En entrevista ratifica esa condición al hablar de literatura, de sus luces y sombras.
(Con esta entrevista solicité trabajo en TVyNovelas y TVNotas... nada pasó... alguién me sugirió llevarla a Óoooorale pero yo ya andaba escamado y se quedó guardada)
Para D
—En el álbum eres autora de nueve de los once temas nuevos. Ante tal fecundidad es fácil suponer que muchas canciones se quedan fuera. ¿Manejas en ellas temas diferentes a los que conocemos?
—Sí, son un poco distintos. Lo que pasa es que en mi caso, con compositores como Loris Ceroni y Bebu Silvetti, descubres que la música y la letra fluyen mejor si se hacen de manera simultánea. En el caso de este álbum la mayoría de las canciones fueron surgiendo así.
—Y para romper ese marco de trabajo, ¿has contemplado encargarte también de la composición?
—Lo que pasa es que no manejo ningún instrumento, entonces ése es un lío para mí. He compuesto algunas cosillas, melodías que se me han ocurrido, con uno de esos organitos, pero de por sí estoy buscando tener un oficio en esto de escribir mis textos... ¡Y mira que la sufro para escupir!
—En cuanto a las letras del nuevo álbum, en “El ayer” dices “abrázate a las pasiones humanas,/ es mejor a ser virtual globalizada”. ¿Vas de globalifóbica?
—No, no soy globalifóbica, pero creo que en este instante de cambios y de grandes acontecimientos, todas las cosas que suceden —como la globalización y el rumbo que estamos tomando en el mundo— son también dañinas para las relaciones humanas. Hoy como que todo es más sencillo, más rápido y sin darnos cuenta hemos perdido el contacto humano. Creo que la peor enfermedad del siglo XX fue la indiferencia y con esto se acentúa aún más.
—Hablando de la globalidad, ¿no es paradójico que el sonido de tu álbum, partiendo de que muestra un enorme despliegue de sintetizadores y una atmósfera dance, esté participando de un fenómeno global?
—Lo que pasa es que conforme van surgiendo los cambios y continúa la vida es importante tomar lo que te da la nueva tecnología y lo que te ofrece para hacer un mejor producto de manera más fácil. Es cierto que hay gente que no está dispuesta a cambiar, que no aprende de los cambios, o que no sabe tomar de lo nuevo que se le ofrece —y mira que soy pésima para la computadora—, pero hay que ir aprendiendo.
—La canción “Ave Fénix” hace pensar en la diferencia entre estar sola y estar abandonada. ¿Cuál de esos estados es el óptimo en tu caso para escribir?
—Estar sola, que es estar conmigo misma. Al final la verdad es que nacemos solos, vivimos solos —a veces nos acompañamos bien— y morimos solos... Hay entonces que aprender a estar con uno mismo, a conocerse, a intentar superar muchas cosas que uno no tiene. Las personas somos luz y sombra y, sin embargo, desde chicos nos educan a mostrar nuestro lado más virtuoso; incluso cuando uno crece y conquista, quiere enseñar su mejor lado. Y para aprender a conocernos, nada hay como estar solos porque es cuando podemos recuperar esa parte nuestra de las sombras. Cuando se reconoce lo que no nos gusta de nosotros y lo aceptamos, es más fácil vivir.
—El abrazar las sombras no es un tema recurrente en las canciones que se oyen día y noche en la radio. No nos acordamos de esa dualidad.
—A mí me llegó esa idea para la canción “Sombras amantes”. Me acordé de Peter Pan cuando no encuentra a su sombra e incluso quiere remendarla para volvérsela a poner. Esa imagen me pareció tan clara de lo que somos todos nosotros.
—¿Por dónde se movían tus gustos musicales durante la concepción de este álbum?
—Realmente cuando escribo casi no oigo música; más bien leí mucho de Milan Kundera.
—El leer mucho despierta el hambre por escribir, ¿has pensado alguna vez rebasar el margen de los las estrofas y los coros?
—Siempre he tenido la idea, por eso trato de hacer bien mi tarea: leer y escribir. Diario lo hago para que cuando tenga que escribir las pequeñas palabras, la pequeña poesía y la pequeña frase, tengan cierta sustancia. Trato de hacer mi tarea porque me gusta mucho aprender. Quisiera ser capaz algún día de escribir algo que no fueran sólo canciones, sino algo diferente.
—Durante estos 18 años de quehacer discográfico ¿has tenido oportunidad de conocer a escritores, de confraternizar con ellos e ir más allá de un saludo?
—La escritora más cercana a mi vida ha sido Pita Amor y también he tenido una amistad larga con Juan José Arreola. Me gusta tener contacto con ciertas personas de las cuales puedo aprender algo. Tengo siempre como una especie de avidez por saber más, por entender mejor y por buscar. Soy una buscadora incansable. Y la presencia de ellos en mi vida siempre me ha dado cosas interesantes. Tengo una relación sólo de saludos a través de terceros, pero espero reunirme pronto con Elena Poniatowska, de quien acabo de leer su último libro (La piel del cielo). Otra a la que no me pierdo es Cristina Pacheco. Me gusta esa gente por su manera de escribir, por cómo lo dice.
—Por último, citando a Pita Amor, ¿podría decirse que al cabo de estos años tú ya “eres tu casa”, y que ésta es cómoda y tiene todas las habitaciones iluminadas?
—Pues a lo mejor no he terminado de construirla. Creo que aún me faltan mucho por andar y crear para expresar: “Yo soy mi casa” con el entorno más conveniente, más luminoso... Es decir: Sí tengo la casa, pero me falta el jardín. Y en el jardín hay veces que llueve mucho y las rosas y algunas plantas se aplastan y mueren; hay entonces que volver a levantarlas, a cuidarlas, a barrer las hojas secas... pero ahí la llevamos.
Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (8) | Referencias (0)
Lunes, 31 de julio de 2006
Para Baron Wolman, testigo del efervescente San Francisco de los años sesenta, “el proceso de fotografiar a un músico pasó de ser una experiencia íntima a una de gran talla corporativa”.

Capturó con su lente a la sagrada trinidad del rock de los 60 —Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison—, pero el fotógrafo Baron Wolman está lejos de suscribirse a los ritos de canonización en torno a aquellas figuras: “Ver las fotos de Janis, Hendrix o Morrison lleva a hacerse una pregunta necesaria: ¿hasta dónde habrían llegado? Se les ha mitologizado, pero después de ver a muchos de sus contemporáneos desvanecerse a causa de los excesos, creo que haberse quedado eternamente en la mente del público fue lo mejor que les pudo suceder. Pienso que a Janis Joplin la voz no le habría durado demasiado, en cuanto a Jim Morrison... era un individuo sin control sobre sí mismo y tarde o temprano se habría llevado él mismo a la pira. De todo ellos sólo Hendrix me parecía un verdadero artista, un ser muy creativo que podía haber desarrollado muchas otras cosas interesantes”.
En entrevista, el fotógrafo que entre 1967 y 1969 laboró como jefe de fotografía de la entonces confiable y naciente revista Rolling Stone, refiere que la fuerza de sus imágenes reside en su empeño por captar la energía sonora que se cifraba en un gesto, en una expresión facial o corporal que se diluía con la misma inmediatez que una nota musical: “Había una excitación en los conciertos que era la que intentaba retratar, pero ciertamente es muy difícil capturar con una foto una acción tan intensa como ésa. Tratas de ver algo en el rostro o en el lenguaje corporal... y claro que era más difícil en aquellos días: no había cámaras automáticas, así que obtener una fotografía decente representaba un auténtico desafío técnico”.
Las “fotografías decentes” que Baron Wolman consiguió en esos años no sólo fueron numerosas, sino que se han convertido en parte de la hagiografía de un periodo que para no pocos resume la esencia del rock y que se puede definir como autenticidad y entrega en un mundo aún no marcado por el marketing ni por la uniformidad sonora.

Forjador de iconos
De la misma manera en que Alberto Korda inmortalizó al Che Guevara, Wolman ha legado a la historia de la música un vasto repertorio iconográfico que le ha dado eterna juventud a Janis Joplin, The Rolling Stones, Frank Zappa, The Who, Jimi Hendrix, Joan Baez, Iggy Pop, Pink Floyd, Bob Dylan, Smokey Robinson, The Grateful Dead, Phil Spector, Jim Morrison y Creedence Clearwater Revival, entre otros.
De la candidez de aquella era dan fe las palabras del mismo Wolman cuando refiere que entonces no había zonas exclusivas para los fotógrafos y éstos podían aproximarse a los músicos sin temor a que un guarura se interpusiera entre ambos: “Lo realmente grandioso era que me podía acercar a la gente sobre el escenario sin problema. Cuando fotografié a Tina Turner en el Hungry i, estaba probablemente a doce pies de ella... podía oler su perfume. No había barreras entre ellos y los fotógrafos. Los músicos confiaban en nosotros. Yo los adoraba y quería honrarlos con mi trabajo”.
A decir de Wolman, el don de la oportunidad no es suficiente para conseguir una buena fotografía: “Lo que ocurría cuando tomaba fotos en los conciertos era que me dejaba envolver por la música. Dejaba que ésta entrara a mi sistema y de esa manera yo podía anticipar lo que el músico iba a hacer, porque si podía anticiparme entonces conseguía una buena imagen. Una vez que veía una buena toma en el visor de la cámara, se había esfumado. Por eso procuraba que la música entrara en mí, en mi cerebro. Procuraba estar lo bastante cerca del escenario para que la vibración de los altavoces me causara escalofrío en la piel y para llenar así el visor con la presencia del músico. Me desconectaba del mundo real... siempre de manera mental... A pesar de que la cultura de las drogas era pronunciada, nunca me integré a ella. Me envolvía en el proceso con mi cámara como guía”.
Voyeur profesional
Si bien su presencia sobre los foros no molestaba a los músicos, Wolman le ha dado a su discreta naturaleza un perfil más cercano a quien hace de la contemplación su profesión: “Me veo como una especie de voyeur. Soy muy feliz cuando logro ser invisible y sólo observo. Me encanta observar. Me siento como un camaleón que puede adaptarse a cualquier situación y eso, para mí, es uno de los regalos que me ha dado la naturaleza y es la manera en la que se pueden conseguir fotografías honestas. Pero esos días se han ido ya y cuando las cosas empezaron a cambiar yo comencé a perder el interés en todo eso”.
Esa visión de desencanto no la suscribe Wolman porque al empezar la década de los setenta haya sentido que la música dejó de ser tan emocionante, sino porque la industria en torno a ese arte comenzó a despojarle su inocencia y a convertirlo en negocio lucrativo, muy en tono con el fin de la comuna hippie, el flower power y los festivales masivos. “Cuando la industria musical se hizo más grande que la música de pronto nos convertimos en parte del engranaje y el talento de los fotógrafos fue entonces incorporado a la visión que tenían los empresarios de lo que debía ser la carrera del músico; sobrevino entonces un absoluto desinterés por el acercamiento periodístico que era lo que yo practicaba y me gustaba. Entonces el proceso de fotografiar a un músico pasó de ser una experiencia íntima a una de gran talla corporativa... bueno, tal vez corporativa es un poco exagerado, pero sí dejó de tener ese aire íntimo”.
Feos pero talentosos
Se dice que una de las virtudes de un auténtico fotógrafo es hacer asimilables y hasta gratos a los rostros que por naturaleza no lo son, y en los años sesenta muchas caras no eran precisamente beldades pero eran espejos de gente talentosa. Wolman reflexiona: “Ciertamente algunos miembros de Grateful Dead, The Mothers of Invention o Tiny Tim no eran bellos, pero tenían una magia en sus rostros que los hacían hasta atractivos, por no hablar de su talento musical. Eso también se acabó y al comenzar los años setenta los medios impresos empezaron a buscar caras amables que reflejaran sensualidad, virilidad o delicadeza. No creo que en estos días Jerry Garcia o Frank Zappa la tuvieran fácil frente a la industria del entretenimiento”.
Retratos hablados
De Janis Joplin: “Vivíamos a media calle uno del otro y hubo una ocasión en que ella quería fotos que la mostraran en concierto, pero no tenía ninguno en fechas cercanas, así que se me ocurrió adecuar la luz de la sala en mi casa, le di un micrófono, puse un LP de ella en el tornamesa y llamé a mi esposa. Cuando la música empezó a sonar, Janis nos cantó a los dos y yo saqué varias fotos que parecen captadas en vivo”.
De Jimi Hendrix: “Era mi músico favorito para fotografiar. Hubo un concierto particularmente emotivo y la cercanía con él fue tan intensa que literalmente yo estaba tocando la cámara con la misma intensidad que él tocaba la guitarra. Hendrix era un hombre salvaje pero creativo... era imposible sacar una mala foto de él”.
De San Francisco a finales de los sesenta: “La música y la juventud lo eran todo. La gente se vestía siempre de manera distinta, como si la fiesta ocurriera en las calles pero también en su cabeza, y llegaba de todas partes; llenaban las calles. Fue un época fabulosa y me siento privilegiado de haber atestiguado ese momento”.
Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (3) | Referencias (0)
Viernes, 28 de julio de 2006

Cuando hice esta entrevista (10 de octubre, 2000), el compositor tenía 63 años. La exhumo para darle un poco de respiración artificial a este blog al que tantas consideraciones tienen Cerdiloba y Prosa Inofensiva.
—¿Se acuerda del primer concierto al que asistió?
—Sí, lo recuerdo. Fue un concierto sinfónico en la ciudad donde nací: Baltimore, Maryland. Se presentó una sinfonía de Beethoven… (larga pausa) Fue la Sexta sinfonía y recuerdo que me la pasé viendo todo el tiempo al director.
—¿Se acercó al rock cuando era joven?
—Bueno, la verdad es que ni se había creado el rock (ríe). Realmente llegó al mundo hacia 1952 o 1953, con Elvis Presley, y lo recuerdo claramente porque mi padre en aquel entonces tenía una discotienda y yo trabajé allí. Y de pronto a los 16 o 17 años ocurrió algo sorprendente porque literalmente descubrí en disco a Presley y para mí fue una revelación porque yo venía de oír nada más música clásica por la conexión con mi padre y supe que eso también era música y descubrí todo el mundo del rock and roll.
—¿Tenía usted una opinión adversa?
—No, a todos los de mi edad nos gustaba la música. No era como en Europa, donde tienes un gran división entre la música clásica y música popular. Eso no ocurría en Estados Unidos por entonces. Cuando compré mis primeras partituras, éstas fueron de canciones de The Beatles, todos nos sabíamos “Good Vibrations”, podíamos cantarlas y tocarlas, y al mismo tiempo estábamos familiarizados con Beethoven y Bach. Yo no comencé a escribir música pop sino mucho más tarde, cucndo trabajé en un proyecto donde estaban Laurie Anderson, Suzanne Vega, Michael Stipe: Songs from Liquid Days. Luego vino el retrabajo sobre Low de David Bowie… siento que apenas estoy comenzando a explorar lo que puede hacerse con músicos entrenados en el conservatorio y compositores pop.
—¿Cuando comenzó su interés, como espectador, por la música en el cine?
—Para ser sincero, debo decir que viene de mi interés por el teatro y la ópera. Sólo he hecho algo así como 12 obras y compuse la primera cuando tenía 18 años. Cuando ves las cosas desde ese ángulo te das cuenta que no ha sido mucho. He podido hacer algunos scores para teatro y ópera, y puedo no hacer nada para cine durante mucho tiempo. Un compositor profesional de música para cine hará tres o cuatro al año… y yo hago una, lo que no es mucho. Y es que es un medio difícil para mí porque un filme no resiste múltiples interpretaciones; cuando una película está terminada no puedes regresar y volver a empezar. Y eso no sucede con el ballet ni con el teatro.
—¿Cuál fue el último soundtrack que compró o escuchó?
—Hace dos días después de un concierto fuimos a una fiesta y allí tocaron la música de Psycho, ¡y es fantástica!
—¿Ha sido invitado a hacer música para filmes de comedia?
—Nunca me han invitado, pero me encantaría hacerlo.
—¿Con cuál actor le gustaría trabajar?
—No lo sé, creo que estaría más interesado en saber quién es el director. No sé mucho de actores en el cine, pero podría ser Steve Martin, que es mi comediante favorito.
—Muy inusual esa elección…
—Precisamente, el que sea tan inusual lo haría interesante.
—Hace 32 años usted presentó su primer concierto y no le fue bien con la audiencia. ¿Cree que su música ya puede ser mejor comprendida por el público?
—La música también cambia. La audiencia ha crecido, pero la música tampoco es la misma. Pongámoslo de este modo: A más de 30 años de que debuté como compositor, ésta es una buena época. Si miras mi actividad como compositore e intértprete, es fácil darse cuenta de que hay una gran diferencia entre esta época y la del inicio. Entonces tocaba en pequeñas galerías o museos para 30 o 60 personas y ahora es enorme. Con ese cambio ocurrió que la audiencia la entiende mejor, esa es la cuestión… y yo... (se ríe, suena un poco confundido) ¡no lo sé! La verdad es que no puedo decir si la gente la entiende perfectamente o no… de lo que no hay duda es que la música es parte del mundo en que vivimos hoy de un modo en que no ocurría hace 30 años. La gente sabe más de música, la reconoce, ha entendido que es una parte de la cultura y del tiempo en que vivimos. Eso no pasaba hace 30 años, para la gente era nada más una serie de sonidos muy extraños.
—Ha escrito música sobre medios de transporte: aeroplanos, carros y trenes. ¿Ha pensado presentar alguna obra en un tren, por ejemplo, como Stockhausen lo hizo recientemente con cuatro músicos tocando, cada uno, en un helicóptero?
—Sé de que me hablas. Creo que debemos calificar a eso sólo como un truco. No me parece que haya sido una buena idea, pero Stockhausen es un tipo divertido con buenas ideas conceptuales que funcionan bien.
—Cuando era joven usted trabajó como era taxista en el horario nocturno…
—¡Y oía el radio todo el tiempo!
—¿Qué tipo de estaciones?
—Teníamos en Nueva York una buena estación que transmitía un programa de música moderna y experimental. Yo trabajaba toda la noche: desde las cuatro de la tarde hasta que amanecía y siempre oía ese programa y después buscaba estaciones de música clásica, de jazz. Pero nunca las estaciones convencionales; es decir, Nueva York siempre ha tenido estaciones alternativas.
—Como músico, ¿cuál es su pesadilla más recurente?
—Mi pesadilla más terrible es que voy a dar un concierto, estoy preparándome para tocar y no puedo recordar mi música. ¿Puedes imaginarte eso? Llegas a la sala, te sientas y no puedes recordar la obra. Esa es mi pesadilla. Se la he contado a mis músicos, que también me han dicho que la suya es llegar y descubrir que no traen su instrumento.
—¿Dónde se encuentra la verdad: en un libro de filosofía o en una partitura?
—Hoy no sé que decir… es una pregunta extraña. Déjeme pensar por un momento... porque cuando yo era joven realmente no entendí todo lo que entonces leí. Y creo que aprendí a entender asuntos de música más tarde, cuando volví a ellos por los libros. Hace apenas unos días estaba hablando de eso con David Bowie y él me hablaba de que desea regresar a sus primeras composiciones… a ésas que no pudo darles forma porque era muy joven.
—Por último, ¿ve televisión?
—No me gusta la televisión, ni los medios como internet… no soporto que me den todo de prisa, como relámpagos, todo siempre está cortado en pedazos… desde las noticias hasta las películas.
Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (5) | Referencias (0)
Viernes, 28 de abril de 2006
Y tú puedes también conocerlos (y hasta escucharlos), dándole click a los nombres:
Barbara Manning: "Scissors"
Camper Van Beethoven: "Take the Skinheads Bowling"
Pere Ubu: "Final Solution"
Buzzcocks: "Time's Up"
Anne Briggs: "Lowlands Away"
Por: Zuz Pop | Sitios recomendables | Comentarios (0) | Referencias (0)