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Sábado, 25 de junio de 2005
“No soy nada y debería serlo todo”, dijo Sam Phillips cuando a los 29 años fundó Sun Records en el 706 de Union Avenue en Memphis, Tennessee.
Nadie sabrá si el miércoles 30 de julio de 2003, cuando a los 80 años falleció a consecuencia de un problema respiratorio, sentía él que había logrado “ser todo”, pero lo que resulta innegable es que su oído fue la brújula para que la música juvenil diera un giro espectacular en la primera mitad de los 50 y no volviera a obedecer los cánones establecidos por un mundo aún empañado por los vestigios de la guerra.
Libertador del espíritu
Si por un solo hecho se tuviera que inscribir el nombre de Sam Phillips en la historia, el haber “descubierto” a Elvis Presley basta y sobra, pero si se ahonda un poco más en el quehacer de este enamorado del rhythm and blues, es fácil advertir que el rock and roll le debe a él, en el sentido metafórico, por lo menos sus tres vocales.
“Mi mayor contribución —dijo Phillips en 1978— fue abrir un área de libertad en el artista para ayudarle a expresar lo que él pensaba que debía ser su mensaje. Si hablamos de egos, debo decir que desafortunadamente esa gente no tenía ego, sino un deseo, de manera que yo tenía que vérmelas con individuos que habían soñado y soñado... y que cuando se instalaban en la realidad lo único que tenían era miedo de ser rechazados”.
Antes de inaugurar Sun Records, Samuel Cornelius Phillips tenía ya una vasta experiencia en la consola de grabación. Había grabado a BB King y a Howlin’ Wolf, y en 1951 produjo un sencillo de Jackie Brenston titulado “Rocket 88”, que de acuerdo con el crítico y periodista Barney Hoskins es el primer disco sencillo de rock and roll.
Phillips intuía que había un mercado ávido de rhythm and blues y música country. Él quería conquistar ambos territorios y, de ser posible, fusionarlos. Por su situación geográfica y por el oído atinado de su fundador, Sun funcionaba como proveedora de material para sellos como Chess en Chicago y Modern en Los Ángeles, pero por lo que Phillips dijo en una ocasión —“Yo no quería abrir una compañía de discos, pero me vi forzado a hacerlo”— es fácil advertir que ni él imaginaba la revolución que vendría bajo su mando.
Cuando Sun Records abrió sus puertas, la gente que en los años siguientes allí brillaría andaba en tareas no cercanas a la música: Elvis Presley estaba terminando de cursar la high school, Johnny Cash estaba en el Ejército, Charlie Rich en la Fuerza Aérea, Jerry Lee Lewis era alumno en un colegio bíblico, Roy Orbison estudiaba geología, Carl Perkins horneaba panes y Bill Justis era el líder de una banda en una sociedad de baile.
Los hallazgos de un químico
Los dos primeros años del sello no fueron boyantes. Se grababa, ante todo, a intérpretes de rhythm and blues, pero las ventas eran pobres. Ante esa situación, Phillips empezó entonces a juguetear con una idea: “Quería desarrollar algo que fuera una combinación del blues negro y música country. Me sentía como un químico en un laboratorio que sabía que estaba cerca de algo. Me encantaba trabajar con gente capaz de hacer cosas diferentes y con frecuencia eso significaba tener que rechazar a músicos que no tuvieran algo inusual”.
Cuando en agosto de 1953, un joven de 18 años entró al 706 de Union Avenue, atraído por un anuncio que rezaba “Escucha tu propia voz” y llevaba en mente dos temas que pensaba grabar en acetato para regalárselo a su madre, Sam Phillips estaba por descubrir al más inusual de los cantantes.
El famoso disco que ese muchacho, llamado Elvis Aaron Presley, grabó por cuatro dólares contenía “My Happiness” y “That’s When Your Heartaches Begin”. Dos años después, Sam Phillips recordaba: “Trataba de no mostrarlo, pero se notaba que él era una persona muy acomplejada, se sentía muy inferior... Elvis Presley era de manera innata la persona más introvertida que había llegado al estudio.”
Marion Keisker, gerente de Sun y personalidad en la radio local, se sintió apenada por el mutismo nervioso del muchacho y se acercó a platicar con él mientras Sam encendía la consola. Se enteró que trabajaba entonces como conductor de trailer en M.B. Parker Machinists y le preguntó “¿Qué tipo de cantante eres?” Él respondió con un insospechado acento de suficiencia:
—“Canto todo tipo de canciones.”
—“¿Y como a quién suenas?”.
Y él, mirándola rápidamente a los ojos, dijo:
—“No sueno como nadie.”
Una nueva era
Cuando el cicno y el seis de julio de 1954, Elvis, acompañado por Scotty Moore (guitarra) y Bill Black (bajo), grabó “That’s all right”, “I Love You because”, “Harbor Lights” y “Blue Moon of Kentucky”, Phillips halló lo que buscaba. Un año después todas las grandes compañías discográficas estadounidenses mandaban a sus representantes con cheques para comprar a Sun el contrato de Presley y es que el joven había sido elegido no el Rey del Rock and Roll (eso vendría después), sino el Hillbilly Cat, de acuerdo con decenas de estaciones de radio y publicaciones especializadas. La música country, como lo deseaba Phillips, empezaba a transformarse con la infusión del rhythm and blues. Los cinco sencillos que Elvis grabó para Sun marcaron el inicio de una nueva era.
A pesar de que Presley empezó a despertar sentimientos inéditos entre los adolescentes y la voz del originario de Tupelo estaba reportando ganancias, Phillips no se sentó a esperar que la riqueza llegara. Aún seguía grabando bodas, conciertos escolares y shows radiofónicos de hillbilly en pos de talentos. Y es que, como él mismo lo señaló dos décadas después: “No supe darle a Sun Records la capacidad para trasladar a ella el potencial del mercado pop”.
En noviembre de 1955, RCA hizo una oferta decisiva para quedarse con el contrato de 18 meses que Presley tenía con Sun. El dinero que recibieron Sam Phillips (35 mil dólares) y Elvis Presley (5 mil por concepto de regalías), no parece nada hoy (un automóvil BMW 507 valía en ese año más de 26 mil dólares), pero para una emergencia fue bueno. “Lo que yo necesitaba era el dinero para salir del bullpen, subir a la loma de lanzamiento y ponchar al bateador. Me lo han preguntado una y mil veces. ¿Te arrepientes? No, no y no. Y nunca lo haré”, decía el hombre que descubrió a Presley.
Elvis ha dejado el edificio
Cuando Presley se fue, Phillips se quedó con dos cartas fuertes: Johnny Cash y Carl Perkins. Todo indica que, por el perfil de ellos muy emparentado al country, el propietario de la discográfica pensó que las oleadas suscitadas por su ex protegido sólo serían temporales y que sus nuevos cats serían los reyes de la escena.
A los tres días de que Elvis firmó con RCA, Perkins llegó a Sun Records para grabar un sencillo (su tercero a la cuenta). Phillips escuchó su propuesta: un tema llamado “Blue Suede Shoes”, que Perkins había escrito mientras pelaba papas en un restaurante. Al productor le gustó y puso el disco en el mercado unos días antes del debut de Presley en RCA con “Heartbreak hotel”, en enero de 1956.
Si bien por su letra muestra raíces de rebeldía muy familiares con la música country (puedes quitarme todo lo material, menos lo que llevo en el espíritu), la pieza tiene una inusual energía y en dos meses “Blue Suede Shoes” y “Heartbreak Hotel” cayeron como bombas en el mercado adolescente. Las dos entraron en los primeros lugares de ventas en las listas de country, pop y rhythm and blues. Perkins no tuvo otro campanazo similar y aunque “Matchbox” la tocaron hasta The Beatles en sus primero días, no consiguió igualar el impacto de “Blue Suede Shoes”.
Repentinamente Sun Records se convirtió en el establo al que todos querían pertenecer. Roy Orbison llegó desde el lado oeste de Texas y aunque una versión previa de “Obby Dooby” había aparecido en el sello Je-Wel, la pobre distribución del mismo hizo que el futuro Rey de los Solitarios dijera con orgullo que su debut lo hizo en Sun. Dos años estuvo allí, mas su nicho y voz auténtica los encontró hasta 1960 en Monumental Records.
El otro prospecto, Johnny Cash, causó revuelo en el ámbito country con su segundo lanzamiento, “Folsom Prison Blues”, pero en abril de 1956 con “I Walk the Line”, un solemne y dramático juramento de amor sustentado en el timbre de barítono, la liga entre el country y el pop se hizo más fuerte. A finales de 1957, Phillips atendió una sugerencia para entrar de pleno al mercado pop con “Ballad of a Teenage Queen”, sumando a la gruesa voz de Cash un coro masculino y una soprano. A pesar de que el resultado suena incongruente, fue otro gran éxito.
Elvis y su pelvis estaban en RCA y Little Richard y su copetazo en Speciality. Sun necesitaba con urgencia un intérprete de acetileno y en Jerry Lee Lewis lo halló. Cuando “Whole Lotta Shakin’ Going On” (estremecedor himno a la masturbación) irrumpió en las listas en mayo del 57, Presley debió sentirse amenazado. Pero si bien la imagen y proyección de Lewis eran incendiarias y eso le había valido el rechazo de varios sellos disqueros en Nashville, Phillips descubrió una cualidad espiritual en su música y lo firmó de inmediato. Paradójicamente en el box-set del cantante y pianista con todas sus grabaciones en Sun Records se oye una discusión entre Lewis y Phillips en la que el primero se niega a grabar “Great Balls of Fire” con un tono festivo, pues para él esas grandes bolas de fuego eran una imagen del Pentecostés y el productor quería que tuvieran una connotación sexual. La opinión del segundo se impuso.
La salida de Cash del sello y el escándalo legal en el que se vio envuelto Lewis al casarse con una prima suya de 13 años le dieron la oportunidad a otros talentos menores —Bill Justis, Charlie Rich y Carl Mann— la oportunidad de ponerse bajo los reflectores. El primero legó “Raunchy”, un tema instrumental que hasta los años ochenta era todavía examen para todo aspirante a guitarrista; el segundo dejó “Lonely Weekends” y Mann pasó a la historia con “Mona Lisa” gracias a los excéntricos punteos guitarrísticos de Eddi Bush.
Sun Records dejó de tener intérpretes exitosos en 1960 y ocho años después Sam Phillips la vendió. Hoy el local del 706 de Union Avenue es equivalente a la ciudad vieja de Jerusalén para todo melómano. Y el símil no es desaforado, pues de la misma manera que para Jerry Lee Lewis el arcángel Gabriel es portador de buenas noticias, el gallo saludando al sol sigue anunciando que algo bueno hay en Sun Records.
Por: Zuz Pop | Si tienes tiempo... | Comentarios (0) | Referencias (0)