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Blog Me Tender

Sábado, 25 de junio de 2005

Ian Dury, un hombre íntegro

“No me importa si soy inmediatamente olvidado. No me importa si mi trabajo se va por el caño. No estoy aquí para ser recordado, estoy aquí para estar vivo”, dijo Ian Dury a la BBC en mayo, de 1998, poco después de anunciar que padecía cáncer en el hígado.

Cuando antes de las nueve de la mañana del 27 de marzo de 2000 el autor de “Hit me With Your Rhythm Stick” fue vencido por la enfermedad, con su desaparición física se cerró no sólo el último capítulo de uno de los más queridos compositores de la escena inglesa, sino que se reconoció, tardíamente, a uno de los hombres más íntegros y fuertes que haya conocido el rock, territorio donde —se sabe bien— los héroes, desequilibrados y mártires se confunden con penosa regularidad.

A pesar de que su nombre alcanzó fama durante la primera explosión punk en Inglaterra, lo cierto es que Ian Dury no tuvo que recurrir a las letras flamígeras y la expresividad del estruendo para que su imagen y voz se levantaran sobre sus contemporáneos. Y eso es un decir porque, a finales de los setenta, el líder de The Blockheads ya había cumplido 35 años, de manera que poco tenía en común con los veintiañeros que clamaban anarquía en el Marquee Club. A esa atención contribuyeron dos elementos. El primero fue de carácter físico: a los siete años, Dury padeció polio y el mal le dejó como herencia perpetua una estatura corta y una pierna más pequeña; el segundo rasgo, también inherente a Dury durante toda su vida fue el gusto por la música negra bailable, misma que sirvió de basamento para los discos que grabó con Kilburn & The High Roads y muy notablemente con The Blockheads. Al respecto, él mismo acotó esa predilección en una entrevista con la publicación española Ruta 66: “The Buzzcocks era un excelente grupo... pero debo decir que yo no era un gran seguidor del punk, es demasiado violento para mí. Me gusta el funk, el jazz. Me agrada la música bien interpretada, pero también puedo identificarme con un concepto, con el aspecto visual. En casa nunca escucharé un disco punk por placer. Sigue siendo ruido. Pero estoy contento de que los punks hayan existido y nunca he sido uno de sus detractores, sino más bien lo contrario”.

El impacto de esos dos elementos se puede condensar bien en una fecha y una sede: mayo del 78 en el Hammersmith Odeon. El público, punk en un 150 por ciento, espera el primer show de Ian Dury & The Blockheads en un auditorio grande, pero antes una voz anuncia que se presentará “una de las joyas de la corona inglesa”. Cuando aparece el veterano Max Wall, héroe del music-hall de los cincuenta y sesenta, la audiencia y sus abucheos tornan inaudible lo que de su boca sale. Dury, fanático de Wall, arriba al escenario e insta a los rijosos a que se calmen y escuchen. Minutos después, al reaparecer con su banda, los punks descubren que un bastón, una actitud y un acento cockney son más poderosos que las afrentas que en esos días lanzan los muy misóginos The Stranglers. Dury parece una especie de villano fraternal salido de alguna novela de Charles Dickens y lo más insólito es que insta a todos al baile con el apoyo de músicos que crecieron tocando en tavernas y oyendo a James Brown a tope.

Nacido en Harrow en 1942, Ian pasó su infancia entre hospitales y escuelas. Estudió arte y al comenzar los setenta impartía clases en Canterbury. Para su fortuna, la corriente de rock cósmico que allí germinaba no lo alcanzó y en 1970 formó su primera banda, Kilburn and the High Roads. “No he vuelto a coger un pincel desde 1971. Todos los pintores que conocía se veían obligados a enseñar su arte para sobrevivir, pero yo escogí la música (...) Aprendí a escribir canciones de la misma manera que leía los periódicos, no había gran diferencia”, dijo a la revista antes citada.

Sin embargo, la trascendencia del septeto fue nula y no fue sino hasta que Dury conoció al pianista Chas Jankel que la situación comenzó a cambiar. Grabaron varios demos, los llevaron a las compañías discográficas y sólo una —en estado casi embrionario— se interesó: Stiff Records. Tal sello estaba atraído lo mismo en la música que en las chamarras de cuero con alfileres, de modo que a su nómina llegaron Nick Lowe, Elvis Costello, Dave Edmunds, Graham Parker, The Damned y The Adverts.

Con el lanzamiento de New Boots And Panties (1977), Dury marcó los caminos que transitaría en los siguientes años, enriqueciendo esa fórmula con músicos más que competentes (Charley Charles, batería; Mickey Gallagher, teclados; Norman Watt-Roy, bajo, y Jankel, teclados y guitarra, entre otros) y canciones que han adquirido la calidad de míticas: “Wake Up And Make Love With Me”, “Sex & Drugs & Rock & Roll” (que es en realidad una burla a quienes cifran su estilo de vida en esa suma) y “Reasons To Be Cheerful (Part 3)”. Su interés era la música y nunca le urgió aparecer en la portada de Smash Hits. “Soy carismático y no me apena mi apariencia física. Hasta la gente más hermosa tiene algún mal. Y mi mal es tan obvio que no hay punto alguno para que me preocupe por él. Por fortuna soy bastante interesante a los ojos de los demás. Lo sé porque yo me pinté, como estudiante de arte, unas 500 veces”.

Durante los ochenta, la presencia de Ian Dury & The Blockheads entró al inevitable limbo ante la presencia avasallante de los nuevos románticos y el movimiento tecno. Siguieron apareciendo álbumes notables, donde lo que imperaba era el afán de diversión y tras la salida de Jankel del grupo, Dury enfocó sus energías y su carisma a la pantalla grande, donde colaboró actuando en cintas como Pirates (Roman Polanski, 1986) y Hearts Of Fire (Richard Marquand, 1985), al lado de Bob Dylan.

Siempre moviéndose con libertad, declinó ser el letrista del musical Cats, cuya partitura había escrito Andrew Lloyd Webber. La razón fue sencilla y de peso: “No soporto su música”. En 1990, The Blockheads volvieron a las giras en apoyo de Charlie Charles, que padecía cáncer y poco después murió. La música continuó sin buscar nunca el Top 100 y en 1995 Ian Dury recibió la noticia de que el mal que se había llevado a su primera esposa lo había alcanzado a él. Al año siguiente se sometió a cirugía y le fueron extirpados tumores del colon. Pero la sombra del cáncer continuó en su cuerpo y llegó al hígado.

Su empeño en vivir superó cualquier pronóstico. Antes de saber que le quedaba poco tiempo se había vuelto a casar y tuvo dos hijos. En los últimos años, Ian Dury combinó el ámbito familiar con la música (Mr. Love Pants, de 1998, fue aclamado por la crítica) y con campañas en apoyo a la gente que padece cáncer. En 1999 apareció el sencillo “Drip Fed Fred”, de Madness, teniendo a Dury como invitado.

La vida es corta y más aún cuando la vive un gigante como él.

Discografía selectiva
Kilburn & The High Roads
Handsome (Pye, 1975)
Wot a Bunch (Warner, 1978)

Ian Dury & The Blockheads
New Boots & Panties (Stiff, 1977)
Do It Yourself (Stiff, 1979)
Laughter (Stiff, 1980)
Lord Upminster (Polydor, 1981)
Jukebox Dury (Stiff, 1981)
Mr. Love Pants (Ronnie Harris, 1998)

Por: Zuz Pop | Si tienes tiempo... | Comentarios (0) | Referencias (0)

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