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Blog Me Tender

Jueves, 30 de junio de 2005

Elliott Smith, miserable sin máscara

Más que extraño, es revelador que la mayoría de las entrevistas que Elliott Smith (1969-2003) concedió a publicaciones dedicadas a la escena independiente (Magnet y la desaparecida Option, entre otras) hayan enfatizado que durante la charla, el autor de “I Better Be Quiet Now” se notaba “feliz”, “satisfecho” o “contento”.

Y es que su música quieta y oscura, que tiene en la pérdida (del amor, de la confianza, de la propia historia, de un motivo) su tema central, aliada a su imagen de trovador solitario ajeno cualquier look, le dieron al compositor nacido en Texas un aura de fragilidad que a muchos les hacía pensar que aquellas canciones de bella construcción, rebosantes en sentimientos de miseria, eran un aviso de que la fatalidad rondaba a quien había escrito temas con títulos como “Todo me recuerda a ella” y “Todo significa nada para mí”.

Con carácter introspectivo desde la infancia, Smith encontró en la música una paleta con suficientes colores para comunicar aquello que no podía emitir en un medio escolar hostil, signado por la violencia y la humillación contra quienes no encajaban en bandada alguna. Y si bien después de estudiar filosofía política por un breve periodo, se unió a Heatmister, una banda prototípica de grunge, la experiencia resultó desilusionante. “Es divertido tocar con el volumen alto, pero después de un año quería renunciar y no podía hacerlo porque ya había hecho amistad con la gente de la banda”, le dijo en 1998 a Erik Perdersen, de Option.

Al dejar atrás a Heatmister luego de cuatro álbumes, su material se volvió más íntimo y aunque sus dos primeros como solista, Roman Candle (Cavity Search, 1994) y Elliott Smith (Kill Rock Stars, 1995), estaban construidos sólo con su voz y su guitarra acústica, él se negaba ser visto como “cantautor” y rechazaba que sus canciones fueran estampas autobiográficas, particularmente en lo tocante al segundo redondo, donde “Needle In The Hay” habla de la desesperación de un adicto a la heroína por darse un pinchazo. Y aseguraba: “Mis canciones hablan de las mismas cosas que las de toda la demás gente. Ya sabes: escriben sobre sus dependencias por ciertas cosas: otra persona, una situación con las drogas o hasta una ciudad. Algunas veces son canciones alegres porque todo va bien, otras veces son inquietantes porque ya no quieren depender de eso”.

Tras la aparición de Either/Or (Kill Rock Stars, 1997), la resonancia de Elliott en la llamada escena indie creció y decidió acompañarse por un dueto llamado Quasi, formado por Janet Weiss (batería) y Sam Coomes (teclados y voz), para enriquecer el sonido de sus presentaciones sin sacrificar el carácter apacible y sombrío de esos temas que muchos veían como autobiográficos y que Smith negaba que tuvieran tal carácter: “Hay una diferencia entre lo ‘real’ y lo ‘depresivo’, si para alguien lo real iguala a lo depresivo, algo anda mal en él”.

Prolífico y capaz de manejar varios estilos, Smith aseguraba que no aspiraba a hacer un mismo discos dos veces. “Para bien o para mal, escribo muy rápido. Durante un año en que no pude grabar por estar haciendo arreglos para dejar un sello y firmar con otro, escribí cerca de 22 canciones. Pero no estoy diciendo que todas sean buenas”. De aquellos temas, sólo 14 llegaron, vestidos con cuerdas, piano y saxofón, a XO (DreamWorks, 1998) y es que su control de calidad era estricto, pero no le causaba zozobra: “No puedes mejorar sin equivocarte. O al menos yo no puedo —tengo que cometer muchos errores. Si la gente escucha una canción, alguien le hallará gusto, otro no y alguna hasta la odiará. Así que con tantas respuestas, ¿que sentido tiene torturarte tú mismo?”

Figure 8 (DreamWorks, 2000), que sorprendentemente se editó en nuestro país, continuó explorando los paisajes melancólicos de su autor con una mezcla acertada de romanticismo y oscuridad no apta quien, citando a Richard Thompson, sienta una mano oscura en su corazón.

Elliott Smith se quitó la vida con su propia mano, clavándose un cuchillo en el corazón. De posibles epitafios están llenas sus canciones, mas para despedirlo prefiero una de Quasi, sus compañeros de escenario, titulada “The Poisoned Well”, que en dos líneas dice: “No vivirás demasiado,/ pero puedes escribir la canción perfecta”.

Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (0) | Referencias (0)

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