Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Blog Me Tender

Lunes, 18 de julio de 2005

Tirar la toalla o cuando la música no es todo


Black Accountant, 1989, de Don Van Vliet

Para unos constituyen un enigma, para otros son casi unos “apestados” por haber bajado de un tren al que todo quieren subirse y para algunos más son una prueba fehaciente de que la música no es el remedio a la cotidiana realidad. Se trata de los retirados, aquellos que sin importarles estar en la cima o rumbo al precipicio, decidieron que lo suyo —por sanidad mental, honestidad crítica, por evitar el óxido que nace de la inercia, porque su pasión resultó sólo un rasgo juvenil o sencillamente porque advirtieron que al show business lo que menos le importa es el talento— no era la música y prefirieron no necesariamente cuadrarse ante la sociedad, pero sí gozar de los sonidos desde el patio de butacas y ya no sobre el escenario.

No existe en el mercado una enciclopedia dedicada a quienes han tirado el arpa por muy personales razones y ese hecho demuestra hasta qué punto a los retirados se les ve como traidores a la causa. Con un gusto necrofílico que ciertas almas podrían interpretar como enfermizo, pero que para el marketing es glorioso, historiadores, prensa y público preferirán siempre enaltecer cadáveres que alcanzaron esa condición muchas veces por causas ajenas a la música, antes que preguntarse qué ha lleva a algunos de sus oficiantes —unos más interesantes que otros— a buscar un modus vivendi que no guarda relación con los quehaceres en el escenario.

Ejemplos de retiros voluntarios hay muchos. Uno de los más lamentables e insólitos ha sido el que Captain Beefheart (Don Van Vliet) anunció en 1983 después de una larga batalla contra los regímenes contractuales de las compañías discográficas, que eran, son y por lo visto serán siempre contrarios a la originalidad y a la asunción de la música no como un medio para forrarse de billetes, sino como un arte comprometido únicamente con la lógica de su autor, que nada sabe de un mercado donde la prisa y la amnesia rigen a los consumidores con igual intensidad.

Cuando se escuchan los últimos tres álbumes que Beefheart realizó en estudio, Shiny Beast (Bat Chain Puller) (1978), Doc at the Radar Station (1980) y Ice Cream for Crow (1982), no puede uno sino lamentar su decisión. Ese par de redondos, a los que hay que sumar Trout Mask Replica (1969) y Lick my Decalls Off, Baby (1970), entre otros, aún son ventanas abiertas a paisajes que lo mismo han iluminado a Tom Waits, The Clash, Pere Ubu, The B-52’s, Beck y hasta Kate Bush. Pero fiel a esa bizarra y seductora concepción estética, Beefheart vive hoy —y parece que no mal— de la pintura. Sus óleos circulan en galerías y se cotizan a precios no precisamente bajos. Alejado de la prensa y de cualquier herramienta que hinche el ego, reside con su esposa en una casa-trailer en el desierto californiano, mientras que sus escuchas no acaban de descifrar por entero su discografía.

Pero el caso de Don Van Vliet es la pera del olmo. Muchos exiliados de la música, a pesar de haber contribuido a trazar nuevos caminos, hoy viven en un cómodo anonimato y no son pocos los que ejercen sistemas de trabajo en equipo aprendidos en ensayos. Mientras aparece la enciclopedia de los retirados, hay que citar algunos nombres e inscripciones curriculares que demuestran que detrás de un amplificador también hay vida:


El álbum debut de The Raincoats , (el oro y el moro para Cerdiloba, que me dio una copia)

Ana Da Silva, ex bajista de The Raincoats (uno de los grupos favoritos de Kurt Cobain) es hoy restauradora de antigüedades; Billy Zoom, ex guitarrista del grupo angelino X (que produjo el Door Ray Manzarek), trabaja en una iglesia bautista y repara equipos de sonido; Greg Norton, que fue bajista de Hüsker Dü, hoy es chef en un restaurante en Minnesota; Santiago Durango, guitarrista de Big Black (donde también militó el ahora productor Steve Albini) se dedica en estos días a la abogacía; Paul Simenon de The Clash cambió su bajo por pinceles y lienzos; Hugo Burnham, ex baterista del grupo de funk neomarxista Gang of Four es ejecutivo en una compañía discográfica; Steve Ignorant de la banda anárquico-terrorista Crass es marionetista y actor, y Bruce Slesinger, antes miembro de Dead Kennedys hoy se dedica a la arquitectura.

Moraleja con permiso de Neil Young: es mejor renunciar que arder o desvanecerse.

Por: Zuz Pop | Reflexiones | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Phil Spector le dispara a sus novias y sólo sale de su mansión por orden judicial.
Lawrence de Felt duerme en celdas y casi no come.
Kevin Shields duerme, ve tele, se fuma varios porros y come hartas pizzas.

Si te vas a jubilar, hazlo con estilo.

Qué bueno que te gustó ese disco.

cerdiloba | 26-10-2005 00:32:53

Comentar


Recordar datos