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Martes, 26 de julio de 2005
La mitología del rock les ha conferido un status distinto al que les dio su origen primero: servir de albergue para lo viajeros.
Los hoteles que han abierto sus puertas a muchos músicos de rock forman ahora parte de una cartografía de instantes sublimes y de auténtico caos que haría ver a Atila que sus hazañas sirvieron no sólo para implantar el terror, sino como lecciones para quienes en las noches, sobre un escenario, portan micrófonos, guitarras o están detrás de una batería.
Imagine el lector al músico que durante sus conciertos es el rey del mundo y en las tardes, antes del sound check, es un tipo encerrado en una jaula de oro. Ni la alberca ni el televisor con todas las señales abiertas ni el mini-bar son paliativos contra el aburrimiento. Pero como el hastío colectivo deviene en ocio, no es extraño que las actitudes más insólitas emerjan cuando los miembros del grupo se reúnen en una habitación. Bajo ese influjo nacen las fiestas que traerán activos a camareros y a gerentes por las quejas de los otros huéspedes, y también aparece la práctica de ese deporte aún no calificado como olímpico que es el lanzamiento de muebles y artículos electrónicos desde un balcón.
Pero atribuir a los músicos de rock sólo actitudes trogloditas es escuchar nada más la mitad del álbum. Los hoteles, por ser hogares sustitutivos durante varios meses, se vuelven también escenarios donde se escriben y graban canciones, donde los cónyuges juran ante un juez y donde el individuo convencional se mira a un espejo a sabiendas de que en unas horas, sobre un foro y con guitarra en ristre, será ídolo de muchos.
Con un puñado de llaves en mano, hay que asomarse a algunas habitaciones para conocer a efímeros y eternos huéspedes.
Cuando John Lennon y Yoko Ono decidieron hacer algo en particular para que su petición de que acabara la guerra de Vietnam no se perdiera en la nube de haschis despedida por los hippies, que también andaban pidiendo paz y amor, se embarcaron en una singular gira que consistía en estar en la cama por varios días en un par de lujosos hoteles. Los célebres bed-in empezaron en el Amsterdam Hilton, donde estuvieron del 25 al 31 de marzo de 1969, y luego, del 22 de mayo al dos de junio, en el Hotel de la Reine Queen, en Montreal, Canadá. Como testimonio de la buena acústica de este último lugar queda la grabación de “Give peace a chance”, registrado en el cuarto donde como invitados estaban Eric Claton, Allen Ginsberg y Tomothy Leary.
La uniformidad de algunas cadenas hoteleras por hacer que sus habitaciones tengan en cualquier ciudad iguales dimensiones, mobiliario y distribución, para unos es un infierno por repetitivo, pero para Ray Charles era una bendición. Desde los sesenta, el tecladista invidente exigió a quien deseara contratarlo que debía ser hospedado en un Holiday Inn, pues en su memoria ya tenía ubicada la disposición os los muebles.
Bien dicen que hay pocas avenidas tan llenas de atractivos como Sunset Boulevard en Los Angeles, California. En febrero de 1971, a pocas horas de que el grupo Fleetwood Mac iba a dar un recital en el Whisky A Go Go, localizado en esa zona, el guitarrista Jeremy Spencer salió del Hollywood Hawaiian Hotel para —según los testimonios— “comprar el periódico, buscar una librería o mandar una carta” y nunca regresó. Después de movilizar a la policía y de hurgar hasta en todos lados, fue hallado en un templo evangelista llamado Los Hijos de Dios. A la fecha sigue allí, acompañado por su familia.
Si se viaja de La Paz, Baja California, a Los Cabos por la costa occidental será fácil cruzar un pueblo que tiene un atractivo único: allí está ubicado el Hotel California que The Eagles inmortalizó en su álbum homónimo de 1976 y que hoy es una canción convertida en instrumento de tortura. El edificio está en remodelación y no hay quien informe en qué habitación se hospedó Don Henley, ni mucho menos qué andaba haciendo por allí el grupo. Para darle credibilidad al asunto, enfrente hay una tienda donde se expenden playeras ($180), tazas ($100) y un pequeño surtido de memorabilia. El negocio es propiedad del hotel y el encargado asegura que de vez en cuando algún Eagle va de paseo. Lo singular del asunto es que si se recuerda la portada del álbum, la ruina que se tiene enfrente en ese poblado bajacaliforniano no se parece en nada al Hotel California.
¿Cuál es entonces el edificio que usurpa el prestigio de ese albergue mexicano? En el libro The LA Musical History Tour, Art Fein señala que la foto es del Beverly Hills Hotel, localizado en Sunset. Otros clientes distinguidos de allí fueron John y Yoko. Y a propósito del Hotel California, ¿a qué se refirió Henley cuando en el tercer y cuarto verso escribió “One smell of colitas/ rising up through the air”? ¿Colitas? Se agradecerá cualquier informe que ayude a despejar esta sombra.
En una suite del Delmonico Hotel, en Nueva York, el 28 de agosto de 1964, Bob Dylan le dio la bienvenida a The Beatles —que comenzaban su primera gira por Estados Unidos— presentándoles a una musa: la marihuana. Cuando se las ofreció y los Fab Four le dijeron que nunca antes la habían probado, se sorprendió, pues en una línea de “I want to hold your hand” el había escuchado “I get high”, cuando en realidad dice “I can’t hide”.
Jackson Bowne no fue el primero ni ha sido el último músico en emplear su cuarto de hotel como estudio de grabación (a la nómina hay que sumar a Bruce Springsteen, entre otros), pero ciertamente sus temas “Cocaine” y “Shaky Town” incluidos en Running On Empty (1978) merecen mención aparte por la atmósfera conseguida. Las tomas fueron realizadas en el Holiday Inn de Edwardsville, Illinois. Se sabe que el cuarto tiene ahora una tarifa especial, sobre todo si el aspirante a huésped porta una guitarra.
Elvis Presley contrajo matrimonio con Priscilla Beaulieu el primero de mayo de 1967 en el Aladdin Hotel, localizado en Las Vegas, Nevada. El sitio fue seleccionado por el Coronel Parker, manager del cantante, sencillamente porque el dueño del hotel era buen amigo suyo. La habitación 363 fue el escenario de la boda, pero sólo de eso, pues la luna de miel ocurrió en otro lugar. Si piensa entonces ser casado por un clon del Rey en las Vegas porque quiere pasar por los mismos escenarios que él, entonces léase antes una buena biografía.
En 1970, Jim Morrison decidió que el quinto álbum de The Doors se llamaría Morrison Hotel. Pensó que sería una buena idea poner en la portada la foto de un hotel que así se llamara. Tras buscar en el directorio telefónico dieron con él en South Hope, en el centro de Los Angeles. El fotógrafo Henry Diltz solicitó al dueño su autorización para imprimir algunas placas, pero éste se rehusó. El grupo tuvo entonces que entrar al vestíbulo y asomarse a la calle, mientras afuera Diltz hacía lo suyo por evitar el charolazo.
Si los hoteleros tenían sus reservas respecto a los músicos de rock, el caso de Sam Cooke es extremo. El 11 de diciembre de 1964 el cantante de soul llegó al Hacienda Motel, de Los Angeles, con una mujer llamada Elisa Boyer. Entraron al cuarto y de acuerdo con los abogados de él, la desnudó y en lugar de que ella hiciera lo mismo, rasgó los pantalones de él con una navaja y salió corriendo del cuarto. Pocos minutos después, Cooke tocó en la puerta de la gerente del motel, que no era precisamente cinco estrellas (el precio por noche era de tres dólares). Bertha Franklin creyó que era un asaltante y le disparó tres veces con un revólver .22. El juez dictaminó que la señora había cometido “homicidio justificable” y fue absuelta en menos de un año.
El cuatro de septiembre de 1970 Janis Joplin fue encontrada sin vida en la cama de su habitación en el Hollywood Landmark Hotel. Horas antes estaba trabajando en la grabación de un nuevo álbum y según los músicos que la acompañaban en las sesiones su ánimo era excelente. La policía encontró una jeringa vacía. Al parecer, la cantante se inyectó heroína pura creyendo, erróneamente, que estaba "cortada".
En el Joshua Tree Motel, en California del Sur, el 19 de septiembre de 1973 murió el compositor y cantante Gram Parson, uno de los más connotados artífices del country-rock, y gran amigo de Mick Jagger y Keith Richards. Los médicos que lo examinaron dijeron que fue un problema cardiaco, pero desde entonces se cree que en realidad el guitarrista de 27 años se excedió en el consumo de ciertas sustancias.
Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (0) | Referencias (0)