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Blog Me Tender

Martes, 26 de julio de 2005

Lennon, anclado en el limbo

Si en su momento, la violenta muerte de John Lennon significó —bajo el tono más trágico— el fin de una época y la extinción de un noble sueño, dejándonos en una especie de orfandad bajo la cual tendríamos que aprender a soñar con nuestro propios medios, a veinticinco años de aquel hecho que nubló la mañana del nueve de diciembre (no todos estábamos atentos al partido de fútbol americano de lunes por la noche) las cosas han cambiado, pues lo que ayer fueron puntuales mensajes revolucionarios, hoy son ingredientes de la nostalgia teledirigida que en breve azuzará nuestro espíritu para acercarnos a un Lennon, conservado en formol, que canta himnos sobre héroes de la clase trabajadora y sobre cielos que no son paraísos.

Y la pregunta básica es: ¿Suscribiría Lennon, de seguir vivo, esas letras que son en muchos casos estampas y viñetas de los sesenta y los setenta?

Evidentemente no.

Igual que en los libros de historia, en la música pop lo que funciona mejor es el ídolo que ya no tiene derecho a réplica. La Historia, en función de conveniencias patrióticas o de marketing, inmoviliza al héroe, ajusta su biografía con base en su postrero acto (si murió como mártir, toda su vida no fue más que un camino de bondad sin saber que la meta era el cadalso; si se trató de un villano, un buitre se posó en la cabecera del lecho donde nació) y utiliza su efigie para narrar la más ejemplar de las leyendas.

Lennon, en estas dos y media décadas, se ha convertido en todo aquello que evitó en vida. Si en Double Fantasy (1980) era evidente que su mira de intereses se había centrado en lo familiar porque en el entorno ya no estaban Nixon, Vietnam, ni la palabra pontificia de Bob Dylan, hoy, por el contrario, lo que de él se sabe y se aplaude son los actos que enarboló cuando este mundo era más grande y los compositores funcionaban como relatores entre los sucesos y los iletrados. Lennon, gracias a la bondad de marketing de su viuda y la incondicionalidad de sus fanáticos, que se niegan a que el compositor británico haya muerto, es una figura de humo que se quedó anclada en el limbo, no a los 40 años en que murió. Ese John Lennon que hoy venden en mastodónticas antologías, en tracks recuperados, en ediciones especiales, tiene apenas 30 años y, triste es decirlo, su aspecto es el de un hippie senil.

Cuando el autor de “Mind Games” declaró que la popularidad de The Beatles era más grande que la de Jesucristo, no exageró y esa fue su condena. Los dioses no rompen sus alianzas y McCartney, Lennon, Harrison y Starr la quebrantaron. Si en algún lugar se encuentra Lennon, atestiguando cómo su mensaje porta ahora un código de barras que deja jugosas regalías, debe lamentar no haber sido una joya de minorías como en su momento lo fueron el compositor Nick Drake o la cantante inglesa Sandy Denny. Y ha de estar parafraseando, con amargura, su canción “God”: “...I don’t believe in Beatles/ I don’t believe in Yoko/ I just believe in me...”

Por: Zuz Pop | Reflexiones | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

wow,... no hay mucho que agregar, excepto que tal vez John realmente sí este en un mejor lugar a través del universo, donde estos asuntos terrrenales realmente ni le vienen ni le van

Luis, elBitle | 26-08-2005 19:48:04

Peor aún es ser una momia viviente como Macca. Jiji. Me odiarás por ese comentario. Dicen que el nuevo suena como a lo viejo, ¿es cierto?

cerdiloba | 26-10-2005 00:40:39

Veamos, Cerdiloba... el nuevo de Macca es como cuando vas a un bazar y encuentras un chaleco que parece viejo pero no huele a cuarto encerrado y además te queda muy bien. Es un disco ideal para el otoño.

zuz pop | 26-10-2005 00:51:49

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