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Blog Me Tender

Domingo, 23 de octubre de 2005

Johnny Cash o el auténtico rock de la cárcel

Johnny Cash at San Quentin (The Complete 1969 Concert) (Columbia/ Legacy, 2000)


IRACUNDO. Cash no quería cámaras
de televisión en su concierto
en San Quintín y así las saludó.



Cuando Johnny Cash se presentó el febrero 24 de 1969 en la Prisión Estatal de San Quintín, ya sabía lo que era un presidio como visitante y residente: aquella era la cuarta vez que, con su guitarra, pisaba ese reclusorio localizado en San Francisco y antes había cantado en la Prisión de Folsom. Pero en chirona, sin ser aún figura pública, había estado siete veces por delitos menores.

Eso no lo sabían los reclusos de San Quintín y, sin embargo, la comunión se dio por la vía más directa: su música. Las canciones que Cash seleccionó, la mayoría de su autoría y otras de Bob Dylan, John Sebastian y Shel Siverstein, hablaban de seres que huían de la ley y ratificaban su amor a los seres lejanos, de instintos oscuros que emergían en los momentos menos imaginados, del odio a la prisión y a cada pulgada de ese edificio.

Sin intención de asumir un papel de canalla, Johnny Cash (1932-2003) le habló a los cerca de mil prisioneros con la camaradería y dureza que en esos sitios es indispensable para ganarse un lugar y si bien sus historias se movían en las sombras, los 17 tracks que conforman At San Quentin (The Complete 1969 Concert) hacen de éste un compendio magnífico para apreciar a Cash como eje de la música country, del rock and roll y como cronista de aquellos que están por perder la esperanza después de haber perdido todo.

El cantante y compositor Merle Haggard, recluso que vio en San Quintín a Cash el primero de enero de 1958, en un heterodoxo programa que incluía strippers, magos y talentos locales, ha recordado que después de que terminó el espectáculo y volvieron todos a la gris realidad “para muchos de los reclusos, la voz de Johnny siguió latiendo y no pocos se empeñaron en aprender a tocar ‘Folson Prison Blues’”.

Consciente de que el pecado necesita a la redención, Cash no se guardó su fe y le habló a su auditorio de Jesucristo cantando “Peace in the Valley” y “He Turned the Water into Wine”, pero también abrió espacio para la mordacidad con “A Boy Named Sue” y para la desazón con “San Quentin” (que debió interpretar en dos ocasiones a petición de su público), “Wanted Man” y “Folsom Prison Blues”.

Acompañado, entre otros, por su esposa June Carter (1929-2003), Carl Perkins (1932-1998) en la guitarra y W.S. Holland en la batería (responsable de esa onomatopeya de ferrocarril en marcha, sobre la que el autor de “I Walk the Line” se advertía tan cómodo), Johnny Cash mostró que si su música era capaz de perforar muros de cualquier grosor, qué no haría con las delgadas paredes del corazón. Un disco indispensable para entender el tamaño de la muerte de Cash a 35 años de que se reunió con hombres que saben lo que vale y cuesta la libertad.

Por: Zuz Pop | Reseñas discográficas | Comentarios (0) | Referencias (0)

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