Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Viernes, 11 de noviembre de 2005
Pertenezco a una generación extraña, sujeta a la nostalgia y, encima de todo, inconforme no con el contenido, sino con el envase: Transitamos de los vinilos de 45 y 33 RPM a los cassettes; de éstos a los cartuchos —más populares entre quienes tenían automóvil— y luego, en gigantesco salto cualtiativo, al CD, que primero se quedó estacionado en la recámara, la sala y la fiesta, y más tarde salió de paseo al aparecer el CD-player portátil. El cassette digital y el minidisc resultaron inventos carentes de popularidad, pero en aras de la miniaturización, apareció el MP3 y el iPod.

Y pese a todo, hoy me parece insuficiente el iPod porque al mío le caben apenas 5, 400 canciones (trece días de música continua) y quiero entonces no rememorar que hace una década aún compraba cassettes de noventa minutos. Manías de uno...
Es 1981. Tengo sobre mis piernas una radio-grabadora General Electric con una bocinita ridícula. No es mío el aparato, pero como un walk-man es un deseo tan iluso como la perdida de mi virginidad, me valgo de él y de un ejército de pilas —de las medianas— para transitar por peseros, camiones y hasta el metro, siempre a un volumen bajo para no molestar a los vecinos, pero lo suficientemente audible para justificar el gasto de baterías y —de manera infructuosa— tratar de llamar la atención de la pasajera que tenga cara de que le podrían Wall of Voodoo, The Blasters o X.
Por supuesto, de los discos de esos grupos conozco contadas portadas por las sesiones de (h)ojeo en American Book Store, adonde llegan Rolling Stone, Creem, Circus y Hit Parader. Mi conocimiento del inglés es magro, pero como una foto de Linda Ronstadt en shorts es más convincente que cualquier libro de texto, me agenció allí mis primeras revistas.
En lo sonoro, mi conocimiento proviene de las sesiones con que me surte Radio UNAM los lunes, miércoles y viernes, a las 17:30 horas, con Rock en Radio UNAM los dos primeros días y, en menor grado, con Rock Marginal. El de los lunes, con guión, producción y discos de Delia M, es el más afín a mis intereses... o más bien se trata un mapa que me pone en camino a no sé dónde. Cuantas veces me es posible lo grabo en desastradas grabadoras que hay en el taller donde mi padre repara aparatos electrónicos, y en el que paso las tardes, o encargo a mi madre que conecte el estéreo para que las teclas de play y record, con toda antelación oprimidas, se encarguen de lo suyo.
En otras ocasiones, cuando es imposible dejar en cinta lo que lee Eugenio Castillo o Rolando de Castro, locutores que le dan sabor al guión, y con miedo a que la transmisión adquiera un carácter efímero, procuro escuchar cuanto detalle pueda y le doy permanencia en apuntes garrapateados que contienen los datos biográficos que a vuelapluma emergen del radio de amplitud modulada que pierde la señal porque cerca de allí se encendió un foco. También anoto los títulos de los temas, o si éstos no han sido proporcionados intento entonces describirlos, buscando referencias o transcribiendo de manera pésima el coro. Al lado inscribo una breve opinión, generalmente benigna, y la califico con el sistema de Rolling Stone: una estrella para las canciones pésimas, cinco para las excelsas.
Todos los lunes y miércoles son días de hallazgos. La nómina de grupos y solistas provistos por Rock en Radio UNAM y muy en particular por Delia M es larga y resulta válido decir que allí comenzaron romances sonoros que aún persisten: Gang of Four, XTC, Nick Lowe, The Clash, Oingo Boingo, The Beat (o The English Beat), The Raybeats, Rockpile, The Contortions, Romeo Void, Howard Devoto, The Police (lejos estaba Sting de convertirse en el nuevo Julio Iglesias), Frank Zappa, The Who, The Stray Cats, Talking Heads, The Jam, Joe Jackson, Magazine, X y demás elenco de The Decline of Western Civilization, David Bowie, Big Country, Tom Tom Club, Shriekback, Rip Rig + Panic, Elvis Costello, Squeeze, Midnight Oil, The Bongos, Robert Wyatt, The DB’s, The Pretenders, PiL, The Slits, The Residents, Half Japanese, The Chesterfield Kings, The Fleshtones, Bush Tetras…
En AM, mientras tanto, Radio Educación proveía material sonoro más clásico en El lado oscuro de la luna, programa de Juan Villoro y Claudia Aguirre (hoy el primero es novelista que ya dejó de ser "joven promesa" y la segunda, cuando supe de ella hace muchos años, era una adusta funcionaria del INBA). La voz: Emilio Ebergeny, quien le daba el tono perfecto a guiones que presumían de un lenguaje más amplio que el de La Pantera, Radio Ëxitos y Radio Capital.
Hoy los periódicos dan cuenta del fallecimiento de Ebergenyi y con él se queda en la memoria el ejemplo de un profesional entero, siempre ligero y respetuoso, culto sin ser fatuo, un buen tipo. Rememoro su voz, en 1983, diciendo: "Lou Reed platica, confiesa sus cuitas. Relata sus canciones con esa ambigüedad que le permite ser observador y protagonista a un tiempo....". Se revisaba en ocho programas su trayectoria y ese capítulo, dedicado a Berlin, tenía como título "Una sarta de patadas". Leyó una traducción de "Caroline Says II" y además de enterarme lo inconveniente que es recibir el mote de "Alaska", aprendí, con la voz de Ebergenyi, que las letras del entonces aún Maloso se sostenían sin música.
Por: Zuz Pop | Fight For Your Granny | Comentarios (3) | Referencias (0)
En esos días yo era tan sólo un pequeño moco, aunque sí me llegó a tocar Radio Éxitos, La Pantera y Rock 101. Jamás fui tan organizada para llevar un sistema de notas y calificaciones. Todo lo memorizaba.
¿Conservas alguna de esas cintas?
cerdiloba | 14-11-2005 00:06:24
Nunca he confiado en mi memoria, Cerdiloba. Por eso si los cassettes Memorex están hechos con el mismo material que las galletas Zukies (¿has guardado alguna durante tres meses?, se mantiene intacta) entonces podrás escuchar a Ebergeny. Y en cuanto a Rock en Radio UNAM, casi todo lo tengo en minidisc. ¿Sabes cómo se da la machincuepa para pasarlo a la compu? Soy lego en materia.
zuz pop | 14-11-2005 22:58:05
Sólo me explico la realidad a partir del 1984 de Orwell, flaco consuelo; ¡pero aún me sorprende el ser borrado de una historia compartida! ¿Tan mal me he portado? Porque en esta vida, estoy convencido, el que no cae, resbala... Is that all there, is, my friend? Y el ruido era blanco, no impoluto...
Óscar Sarquiz | 07-04-2006 05:41:01