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Blog Me Tender

Sábado, 26 de noviembre de 2005

Erase el muermo a un baterista pegado



El principal instrumento de tortura y tres de los cuatro verdugos

Me he acordado de Costello: "La radio está en manos de un montón de imbéciles que tratan de anestesiar la manera en que te sientes".

El Lunario se llenó como nunca (ni Armando Manzanero metió a tantos incondicionales) porque en los últimos dos meses una radiodifusora le ha enseñado a sus escuchas a salivar con uno de los subgéneros más atroces de la historia musical: el jazz de fusión.

De acuerdo, de acuerdo... a la santísima trinidad (Mahavishnu Orchestra, Weather Report y Return to Forever) le debemos que Dave Gregory, ex XTC, se haya acercado a una guitarra, y Miles Davis sacó las castañas de esa hoguera con imaginación y talento. Pero lo de hace rato no fue más que un acto de onanismo, una necedad por recitar de nuevo un libro de texto al que hasta le faltan páginas.

Lo que hace la Dave Weckl Band es mirar hacia atrás para convertirse en estatua. Vienen de un mundo donde nadie ha escuchado a Martin, Medesky & Wood, a Victor Wooten, Frank Zappa o John Scofield... vamos, ni a Billy Cobham, que con un set bestial de batería también se amparaba en la premisa "poquito porque es bendito". Lo que este cuarteto busca es retacar de notas un compás hasta que antes de vomitar confiese su ineficacia. ¿Y qué recibe a cambio? Aplausos, vítores y aullidos impostados que para una noche de viernes quedan bien porque "estamos bien prendidos".

La Dave Weckl Band es una gema para quienes no pudieron ir al Gran Premio de México y andan todavía ávidos de velocidad, de apantalle y metralla. La batería del líder es el fetiche. Dos bombos, diez platillos además del contratiempo... todo microfoneado con el volumen a doce.

Claro que no todo es amontonamiento sonoro, de pronto la banda se pone romántica y suena como el cruce de Grover Washington con Oregon. Mas lo que les interesa a los integrantes es mostrar que son fregones porque tocan muy rápido. Qué importa que su propuesta esté demodè, rebasada hasta por sus propios apostoles de antaño (basta recordar el rico recital de Joe Zawinul y su multicultural troupé hace unos meses en un Teatro de la Ciudad que debió haberse llenado).

No sé qué habrá dicho Weckl a la prensa mexicana... por allí vi una declaración de que este país significa mucho porque acá conoció a su esposa. Yo le habría preguntado si encuentra divertido andar lustrando las joyas de los abuelos para que la chamacada Starbucks sepa que el jazz —su jazz— es the real and trendy thing.

Pienso en John Zorn, Marc Ribot, Matt Wilson Quartet, Bèla Fleck & The Flecktones, Andy Summers... el jazz puede ser lúdico, arriesgado, ajeno a la complacencia y a la mansedumbre del solito y el aplauso... y también —lamentablemente— puede ser como lo que hace The Dave Weckl Band. Los pillos antes mencionados, a diferencia del baterista angelino, nunca sueltan frases del tipo: "Esperamos que les guste", ni avisan que el tempo va a hacerse más lento. Tocan y gozan, si la gente se va o se queda es asunto de ella.

Jazz deslactosado, sin nicotina ni cafeína para un auditorio incondicional al doscientos por ciento. Los solos saturan a los sentidos... pero a quien menos cancha le dejan es al tecladista que se ha buscado unos Yamaha que suenan igualitos que los juguetes que Chick Corea usaba hace treinta años.

Sí, son unos bólidos... tienen velocidad y mañas, además sus piezas duran, por lo menos, siete minutos; son el tipo de músicos que los punks han abominado ("Yo no voy a pasarme quince años en un conservatorio para terminar siendo tan aburrido", debió pensar algún hijo espiritual de Johnny Ramone, pues no era yo el único que mantuvo los brazos cruzados las casi dos horas), son el muestrario de un estilo que no ocupa más que unas cuantas páginas en las enciclopedias de jazz. Son un índice de clichés.

Entre bostezo y bostezo, quien más asombrado me dejó fue el saxofonista... es el vivo retrato de Alfonso Zayas, infatigable héroe de las películas de ficheras.

Por: Zuz Pop | Those were the gigs | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Vaya, entre el miedo y la flojera. Hubieras agredido sus ojos disparándoles bolitas de papel con una pluma bic. ¿Los promotores no son los mismos que trajeron a Matt Wilson? Espero que no.

cerdiloba | 26-11-2005 21:57:10

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