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Blog Me Tender

Jueves, 08 de diciembre de 2005

It was twenty five years ago...

La nostalgia es el deseo de regresar
y tocar a persona perfecta que nunca fuiste.

-Greil Marcus

R. y yo nos habíamos conocido en persona después de cinco meses de enviarnos cartas (el contacto fue la revista Sonido), viviendo en la misma ciudad, y de transitar por el teléfono otros dos meses. Ese lunes ocho, dentro de la Muestra Internacional de Cine, daban en la Cineteca Nacional Stardust Memories, de Allen, desde las diez de la mañana. Habíamos acordado llegar a la primera función, pero R. no apareció. Entré a la sala. El desánimo de la cinta y la ausencia de mi amiga me pusieron fatal. Tras salir de la Cineteca, que hoy es el Centro Nacional de las Artes, encuentro en la entrada del Metro General Anaya a R. con una actitud —diría Cri-Cri— "mustia y cariacontecida". Sin mediar palabra, me dio una carta larguísima que, a solicitud suya, leí ahí mismo. Aquella misiva era una declaración de amor. Apenas terminé su lectura, pasmado, incrédulo, nos dimos un beso, un beso de novato porque era el primero que yo daba en mi vida. Me perdí en su abrazo, en el perfume que irradiaba su cabello. Tenía yo dieciocho años.

Nos metimos a un Sanborns a tomar un refresco y le regalé un libro de Heinrich Böll que yo había leído: Acto de servicio. Pasamos la tarde juntos, seguramente vagando sin atinar a dónde ir. Al anochecer, la dejé en su casa. Residía ella en un departamento ubicado en Avenida Juárez y José María Marroquí, en el Centro. Era el edificio de La Canadá, piso once. Ya en casa, no vi el futbol americano de lunes por la noche. Estaba demasiado emocionado para meterme a la rutina. Con los audífonos puestos me cantaron esa noche The Temptations, Captain & Tenille, The Carpenters...

A la mañana siguiente, salí un poco tarde de casa. A mi padre le habían regalado una suscripción a El Sol de México, que todos los días yo hojeaba en el patio antes de dejarlo en la sala. Ese día, por el atraso con que hice mutis, no le ché un ojo. Fue hasta que llegué al Metro que supe la noticia —oh, boy—. Lo anunciaban los diarios en las manos de los pasajeros y también El Día, que por entonces era exhibido en un capelo en todas las estaciones del sistema de transporte colectivo.

Me fui a la embajada británica. Afuera había gente, poca, llorando, cantando en torno a alguien con guitarra. Dejé una flor. Regresé a casa y estuve escuchando y grabando los testimonios del auditorio de Radio Éxitos. El epitafio más conmovedor, sin embargo, lo pronunció Emilio Ebergenyi en El lado oscuro de la luna, transmitido insólitamente en vivo. El sueño ha terminado. Nos queda una responsabilidad mayúscula: ahora tendremos que aprender a soñar con nuestros propios medios.

La mezcla de sensaciones que tuve la noche del martes nueve era contradictoria. Por un lado, conocí el sabor de unos labios largamente anhelados, y por el otro un compositor que vivía en el radio, en el tocadiscos Garrard y en los vinilos que atesoraba, se había ido.

Hoy el recuerdo de este hombre se ha vuelto negocio y el perfume de Raquel Robles Castellanos no se ha disuelto en mi memoria.

Por: Zuz Pop | Fight For Your Granny | Comentarios (7) | Referencias (0)

Comentarios

Para evitar perder a uno de mis lectores favoritos te aconsejaría no leer mi blog el día de hoy.

d | 08-12-2005 18:58:28

Nuncamente, D, perderías a este lector. De hecho, no traigo nada suyo en el ay-pod. Hoy he transitado con The Beautiful South, Sparks, Siouxsie y Sam Cooke. ¿Y tú?

P.D. Gracias por añadir a mi blog en tu Prosa Inofensiva. Honrado me siento.

zuzpop | 08-12-2005 22:30:12

Yo trabajaba como Jefe de Auditoría Interna en la Comisión del Plan Nacional Hidráulico (mi primera y última incursión en una empresa parestatal). En mi oficina siempre tenía un radio pequeño que guardaba en uno de los cajones del escritorio y con el que oía Radio Educación, Radio Universidad y algunas estaciones comerciales en FM. En el aire se empezaba a percibir el espíritu navideño: comidas de fin de año, expectativa por el aguinaldo; planeación de las compras decembrinas y, como se cerraba el ejercicio fiscal, había que revisar las operaciones de la compañía para presentar un informe a principios del año siguiente.

Después de comer, el día transcurrió rápido, oí en Radio Universidad un programa sobre el origen de los Dire Straits quienes mes y medio antes habían dado a conocer su tercer álbum, “Making Movies” en donde incluyeron esa deliciosa balada de nombre “Romeo y Juliet” y “Tunnnel of Love”. También se hablaba de su descubridor, el locutor inglés Charlie Gillette, quien empezó a transmitir un cassette de la banda e hizo que las disqueras se interesaran por ellos y consiguieran un contrato discográfico.

Obscureció y, a eso de las ocho de la noche, cuando estaba a punto de salir, interrumpieron un programa para informar que John Lennon había sido asesinado a balazos cuando entraba al Edificio Dakota.

La verdad es que fue una de esas noticias que, por su brutalidad, lo dejan a uno perplejo. Esperé un momento, mientras la información penetraba en las neuronas, éstas hacían sinapsis y ubicaban el hecho en un contexto general, terminé de guardar mis cosas, apagué la luz, cerré la puerta de mi oficina y regresé a mi casa. Una vez ahí, prendí la televisión y aguardé hasta que el noticiero presentó las imágenes de cientos de personas en vigilia, con velas en la mano y lágrimas en los ojos. Algunos entonaban canciones del fallecido ex Beatle. Mientras daban los detalles del homicidio, la cámara seguía posándose en la multitud.

En ese momento pensé que había sido una tragedia lo ocurrido; que la pérdida era irreparable y que el mundo al mundo de la música le haría falta la aportación de este gran artista pero que llorar desconsoladamente era una actitud francamente excesiva. Sin embargo, otro diciembre, trece años después, cuando me enteré del sensible fallecimiento de Frank Zappa, entendí porqué la gente lloraba desconsolada y sentí esa avasalladora tristeza que araña cada centímetro del alma en el momento de la pérdida final de un ser querido. Hasta entonces lo supe.

Jorge R. Soto | 09-12-2005 01:37:30

Tenía 2 años y seguramente le estaba haciendo la vida imposible a mi familia mientras preparaba twinkies de moquis. Creo que no te lo he contado pero cerdimom es gran fan de los wonder boys. Seguro que ella lloró por mí y toda la familia.

cerdiloba | 09-12-2005 10:36:16

Tenía 14 años, usaba calcetas y me sentía dueña del mundo. Infinitamente soberbia y exquisita, lo único que tenía permiso de penetrar y hacer vibrar mis tímpanos eran Beto, Bach y Mozart. Confundía a los Beatles con los Monkeys y hasta con los Banana Splits.
Una bala me quitó la inocencia, dejé de ser niña y cambié a los clásicos por los pesados.
Ciertamente los años te van quitando lo taruga y lo engreída.
He aprendido a re-leer las pérdidas y a recibir su correspondiente balance.
Disfruto ahora más que nunca una voz que no conocí como adolescente, encuentro más sentido a sus letras, a su modo de vida, y hago que renazca su espíritu con cada nota, con cada gobble-gobble que se le va al cantar.
Lo mejor de todo es que ahora mis hijas conocen, reconocen, disfrutan y cantan a la par con el fabuloso caballero andante que cambió de forma un 8 de diciembre de hace 25 años.

GabyT | 09-12-2005 19:26:10

hola zuz, faltaba mas, por lo del blog. (hoy todo sin acentos poraque no estoy en mi compu). Hoy (sabado) me he puesto a escuchar programas especiales sobre J.L. mientras trabajaba, por ejemplo uno de la cadena ser en espanya que se preguntaba en donde esta hoy el legado de Lennon. En la cuenta de ahorros de Yoko? En un anuncio de Apple? o de Nike? En un protesta pacifista? En la version de Imagine que suena en el consultorio del dentista? Tambien mencionaron no se que pagina web en la que hay un retrato de como seria John hoy. Musicalmente no le pongo una pega a Lennon. No me creo esa yokoversion de Lennon el Genio y Paul el 3 acordes y dos shalalalas. Yo por lo biltes (como dicen en Espanya) tengo un especial carinyo, una nostalgia mal placée (como dicen en Francia) porque no fue en mi anyo pero de cualquier forma me danyo.
Veo pelis como "I wanna hold your hand" y me parece que fue ayer el dia en que, junto con mis amigas, me desmaye al ver a Paul saliendo del auditorio de la CBS.
En fin Zuz, que pese a todo, a lo que yo me rehuso es a pensar que John Lennon era una "mejor" persona que el resto, a que era un pacifista incorruptible, etc. Es todo.
Respecto a la musica, he estado escuchando a Jean Louis Aubert (ex Telephone) en la radio, a Groove Armada, Teenage FC, Devendra Banhart, Dusty Springfield... en el iriver (lo tengo en shuffle) y "Revolver", tonaditas variadas de Material Issue, todo "Speak n Spell" de Depeche y "Come On Eileen" en version de Save Ferris, en la mente (los tengo todos en Mexico y hoy me hacen falta).

Cuando dices que has estado escuchando a Sparks, te refieres a las hermanas de Lorenzo Antonion, no?

d | 10-12-2005 18:27:32

¿Cómo lo supiste, D? ¡¡Esas SparX son las buenas!! (por mi dislexia no crean que hablaba de Ron y Russell Mael). De hecho, me voy a regalar "Caminos del Amor". Me encanta lo que ha dicho Krystina sobre esa, su más reciente grabación: "Todas nosotras conocemos el amor, pero también hemos conocido la angustia de una amarga decepción. Este CD revela y comparte algunas de estas situaciones difíciles y emociones tan increíbles que hemos sentido". Sublime.

El shuffle en mi mente, D, está feroz: Cri Cri ("Tango medroso"), Piporro ("El abuelo Ye Ye"), Raphael ("Mi gan noche"), María Luisa Landín ("Amor perdido") y Los Xochimilcas ("She Loves You", que es la versión más sabrosa de cuantas se hayan realizado).

zuzpop | 10-12-2005 19:53:53

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