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Lunes, 31 de julio de 2006
Para Baron Wolman, testigo del efervescente San Francisco de los años sesenta, “el proceso de fotografiar a un músico pasó de ser una experiencia íntima a una de gran talla corporativa”.

Capturó con su lente a la sagrada trinidad del rock de los 60 —Janis Joplin, Jimi Hendrix y Jim Morrison—, pero el fotógrafo Baron Wolman está lejos de suscribirse a los ritos de canonización en torno a aquellas figuras: “Ver las fotos de Janis, Hendrix o Morrison lleva a hacerse una pregunta necesaria: ¿hasta dónde habrían llegado? Se les ha mitologizado, pero después de ver a muchos de sus contemporáneos desvanecerse a causa de los excesos, creo que haberse quedado eternamente en la mente del público fue lo mejor que les pudo suceder. Pienso que a Janis Joplin la voz no le habría durado demasiado, en cuanto a Jim Morrison... era un individuo sin control sobre sí mismo y tarde o temprano se habría llevado él mismo a la pira. De todo ellos sólo Hendrix me parecía un verdadero artista, un ser muy creativo que podía haber desarrollado muchas otras cosas interesantes”.
En entrevista, el fotógrafo que entre 1967 y 1969 laboró como jefe de fotografía de la entonces confiable y naciente revista Rolling Stone, refiere que la fuerza de sus imágenes reside en su empeño por captar la energía sonora que se cifraba en un gesto, en una expresión facial o corporal que se diluía con la misma inmediatez que una nota musical: “Había una excitación en los conciertos que era la que intentaba retratar, pero ciertamente es muy difícil capturar con una foto una acción tan intensa como ésa. Tratas de ver algo en el rostro o en el lenguaje corporal... y claro que era más difícil en aquellos días: no había cámaras automáticas, así que obtener una fotografía decente representaba un auténtico desafío técnico”.
Las “fotografías decentes” que Baron Wolman consiguió en esos años no sólo fueron numerosas, sino que se han convertido en parte de la hagiografía de un periodo que para no pocos resume la esencia del rock y que se puede definir como autenticidad y entrega en un mundo aún no marcado por el marketing ni por la uniformidad sonora.

Forjador de iconos
De la misma manera en que Alberto Korda inmortalizó al Che Guevara, Wolman ha legado a la historia de la música un vasto repertorio iconográfico que le ha dado eterna juventud a Janis Joplin, The Rolling Stones, Frank Zappa, The Who, Jimi Hendrix, Joan Baez, Iggy Pop, Pink Floyd, Bob Dylan, Smokey Robinson, The Grateful Dead, Phil Spector, Jim Morrison y Creedence Clearwater Revival, entre otros.
De la candidez de aquella era dan fe las palabras del mismo Wolman cuando refiere que entonces no había zonas exclusivas para los fotógrafos y éstos podían aproximarse a los músicos sin temor a que un guarura se interpusiera entre ambos: “Lo realmente grandioso era que me podía acercar a la gente sobre el escenario sin problema. Cuando fotografié a Tina Turner en el Hungry i, estaba probablemente a doce pies de ella... podía oler su perfume. No había barreras entre ellos y los fotógrafos. Los músicos confiaban en nosotros. Yo los adoraba y quería honrarlos con mi trabajo”.
A decir de Wolman, el don de la oportunidad no es suficiente para conseguir una buena fotografía: “Lo que ocurría cuando tomaba fotos en los conciertos era que me dejaba envolver por la música. Dejaba que ésta entrara a mi sistema y de esa manera yo podía anticipar lo que el músico iba a hacer, porque si podía anticiparme entonces conseguía una buena imagen. Una vez que veía una buena toma en el visor de la cámara, se había esfumado. Por eso procuraba que la música entrara en mí, en mi cerebro. Procuraba estar lo bastante cerca del escenario para que la vibración de los altavoces me causara escalofrío en la piel y para llenar así el visor con la presencia del músico. Me desconectaba del mundo real... siempre de manera mental... A pesar de que la cultura de las drogas era pronunciada, nunca me integré a ella. Me envolvía en el proceso con mi cámara como guía”.
Voyeur profesional
Si bien su presencia sobre los foros no molestaba a los músicos, Wolman le ha dado a su discreta naturaleza un perfil más cercano a quien hace de la contemplación su profesión: “Me veo como una especie de voyeur. Soy muy feliz cuando logro ser invisible y sólo observo. Me encanta observar. Me siento como un camaleón que puede adaptarse a cualquier situación y eso, para mí, es uno de los regalos que me ha dado la naturaleza y es la manera en la que se pueden conseguir fotografías honestas. Pero esos días se han ido ya y cuando las cosas empezaron a cambiar yo comencé a perder el interés en todo eso”.
Esa visión de desencanto no la suscribe Wolman porque al empezar la década de los setenta haya sentido que la música dejó de ser tan emocionante, sino porque la industria en torno a ese arte comenzó a despojarle su inocencia y a convertirlo en negocio lucrativo, muy en tono con el fin de la comuna hippie, el flower power y los festivales masivos. “Cuando la industria musical se hizo más grande que la música de pronto nos convertimos en parte del engranaje y el talento de los fotógrafos fue entonces incorporado a la visión que tenían los empresarios de lo que debía ser la carrera del músico; sobrevino entonces un absoluto desinterés por el acercamiento periodístico que era lo que yo practicaba y me gustaba. Entonces el proceso de fotografiar a un músico pasó de ser una experiencia íntima a una de gran talla corporativa... bueno, tal vez corporativa es un poco exagerado, pero sí dejó de tener ese aire íntimo”.
Feos pero talentosos
Se dice que una de las virtudes de un auténtico fotógrafo es hacer asimilables y hasta gratos a los rostros que por naturaleza no lo son, y en los años sesenta muchas caras no eran precisamente beldades pero eran espejos de gente talentosa. Wolman reflexiona: “Ciertamente algunos miembros de Grateful Dead, The Mothers of Invention o Tiny Tim no eran bellos, pero tenían una magia en sus rostros que los hacían hasta atractivos, por no hablar de su talento musical. Eso también se acabó y al comenzar los años setenta los medios impresos empezaron a buscar caras amables que reflejaran sensualidad, virilidad o delicadeza. No creo que en estos días Jerry Garcia o Frank Zappa la tuvieran fácil frente a la industria del entretenimiento”.
Retratos hablados
De Janis Joplin: “Vivíamos a media calle uno del otro y hubo una ocasión en que ella quería fotos que la mostraran en concierto, pero no tenía ninguno en fechas cercanas, así que se me ocurrió adecuar la luz de la sala en mi casa, le di un micrófono, puse un LP de ella en el tornamesa y llamé a mi esposa. Cuando la música empezó a sonar, Janis nos cantó a los dos y yo saqué varias fotos que parecen captadas en vivo”.
De Jimi Hendrix: “Era mi músico favorito para fotografiar. Hubo un concierto particularmente emotivo y la cercanía con él fue tan intensa que literalmente yo estaba tocando la cámara con la misma intensidad que él tocaba la guitarra. Hendrix era un hombre salvaje pero creativo... era imposible sacar una mala foto de él”.
De San Francisco a finales de los sesenta: “La música y la juventud lo eran todo. La gente se vestía siempre de manera distinta, como si la fiesta ocurriera en las calles pero también en su cabeza, y llegaba de todas partes; llenaban las calles. Fue un época fabulosa y me siento privilegiado de haber atestiguado ese momento”.
Por: Zuz Pop | Perfiles | Comentarios (3) | Referencias (0)
Me encanta lo que dice de Tina. Si se decide a tomarme fotos, seguro podrá oler mi grasa. Muy buena entrevista, Floyd Pepper.
Miss Danger | 01-08-2006 01:14:54
Gracias, Miss Danger in Bowling. No me gusta dedicarme a la exhumación de textos, pero a falta de tiempo seguiré en eso... tengo una entrevista a Daniela Romo y otra a Joaquín Sabina... ¿será ya el momento?
zuzpop | 01-08-2006 20:37:54
¿Pero qué estás esperando? Aunque a Sabina le hubieras dado un mordisco en la aorta, por mí que se lo devore una "sanguijuela coprófaga" (jajaja, Bárbara Cascabel dixit).
Se me olvidó contarte que traigo una peluda y adorable obsesión con John Cale. ¿Amas Ship of Fools? La puedo repetir como de bebé repetía el Gerber de mango...
Miss Danger in Everything | 04-08-2006 01:37:32